Si tu crees que eres capaz de llegar, llegarás

Ángel Obregón, 30 años. Estudiante de Historia en la UNED en Cantabria. Ha participado en el Rally Mongol 2012, junto a dos amigos, Javier y Alejandro. Su aventura comenzó el 10 de julio en Santander para viajar a la República Checa,  donde se iniciaba la salida del rally. El 24 de agosto llegaron a su meta Ulán Bator. 

Se trataba de un rally benéfico de unos 16.000 kms desde Santander hasta Ulán Bator, capital de Mongolia.  El reto de cada equipo participante en el Rally era recaudar dinero para donar a ONGs, cuyo ámbito es principalmente Mongolia. A nivel particular , cada equipo debe aportar un mínimo de 1.000 libras y la donación del coche al final del viaje.

Ángel, Javier y Alejandro en Edirne (Turquía)

Antes de partir, Ángel nos conto en el blog de los 40 años, el proyecto y el objetivo de este viaje solidario. Ahora quiere compartir su experiencia de esta carrera una vez finalizada.

El contacto con las personas fue increíble, lo mejor del viaje sin duda. Los mejores días fueron en Uzbekistán que nos invitaron a dormir delante de una casa, y al día siguiente nos prepararon un desayuno con todo lo que tenían del huerto. Al final nos regalaron briñones, guindillas, uvas, tomates, etc. Otro día en Kazakstán lo mismo, dormimos en un campo y cuando nos levantamos vinieron y nos invitaron a conocer su casa, su familia al completo, a ver las fotos de familia, y a desayunar, al final nos fuimos con dos melones y dos sandías.”

En Samarcanda (Uzbekistán)

 

Ángel en Bujara (Uzbekistán)

Los habitantes de los países que visitaban practicamente no hablan inglés por lo que en la mayoría de los casos las conversaciones se centraban en explicar con gestos, mostrarles los mapas, vídeos, fotos del ordenador, etc.

“Una cosa que nos ha parecido muy curiosa es la diferencia natural que existe entre los países. Al ir en coche constatamos claramente el cambio climático y geológico, por ejemplo en Georgia con mucha vegetación y montañas, que contrasta con la sequedad de Turquía en su parte norte y de Azerbaiyán. También entre Kazakstán (que prácticamente es todo estepa) y Rusia, que está lleno de bosques y ríos, de hecho esa zona, Altai, está rodeada por la estepa kazaja, la taiga rusa y el desierto mongol. Después entramos en Mongolia y también un cambio brutal, de la frontera donde nos nevó, a los 30 grados que había unos kilómetros más adelante, que no tenían nada que ver por otra parte con los 45 que llegamos a tener en Asia Central. Allí en Mongolia nos invitaron a pasar a un ‘ger’ (casa típica de los nómadas) y nos invitaron a queso y vodka, y nosotros como podíamos se lo agradecíamos dándoles obsequios, camisetas que habíamos comprado de equipos de fútbol españoles, u otros regalos como cantimploras, mapas, etc.”

Instalaciones Lotus Children Chartable Center. ONG Oficial del Rally.

Ángel con unas niñas en el centro Lotus

Durante la carrera tuvieron algún percance a parte de la multitud de mosquitos que se encontraron. Ángel se le pinchó el colchón en la primera semana, Javier se puso hasta tres veces enfermo y Alejandro una o dos. La peor nos cuenta Ángel, “fue cuando tuvieron fiebre a causa de la comida de ese día”. Gracias que tenían un pequeño botiquín y eso los salvó.

Las multas fueron otro de los grandes inconvenientes del viaje. Recibieron una en la República Checa por no llevar la tarjeta de uso de autovías, a pesar de ser realmente malas las autovías. En Eslovaquia estuvieron a punto de pagar una bastante cara . En Hungría tuvieron otra multa porque se les pasó el tiempo del parking. También les pusieron otra por velociadad en Azerbaiyán y otra más en Kazakstán, a parte de varias paradas de los policías para pedir dinero.

“Las peripecias con “mongoluco” (así llamamos a nuestro coche) son varias”, nos explica Ángel. Antes de salir de Santander cambiaron la junta de culata. Después tuvieron problemas con la gasolina, que era de mala calidad en Turkmenistán y Uzbekistán, lo cual provocaba ruidos muy molestos en el coche durante muchos kilómetros, hasta pasar esos países. Después pincharon en Mongolia, además de partir el amortiguador.

Ángel, Javier y Alejandro en la meta, Ulán Bator

“La llegada a meta significó tranquilidad. Porque es una constante sin vivir el pensar todo el tiempo en qué pasará si nos quedamos tirados si se rompía el coche. Era muy importante llegar y dejar el coche a la
ONG, y cualquier imprevisto pudo haberlo evitado. Sin duda perdimos esa carga al llegar allí, ese peso de no saber que pasaría al día siguiente”.

 Ángel, nos despide con esta moraleja: “da igual cuan lejos esté la meta que te marques, si tu crees que eres capaz de llegar, llegarás.”

Podéis tener más información del Rally aquí