Investigación sobre “Adaptaciones transnacionales de familias de inmigrantes centroamericanos”

Entrevista a Raúl Sánchez Molina, profesor Contratado Doctor del Departamento de Antropología Social y Cultural. Actualmente se encuentra realizando investigación sobre “Familia y Transnacionalismo” en el Departamento de Antropología de The Catholic University of America (CUA) en Washington, D.C. (Estados Unidos).
 

Lo primero es preguntarte cuál es el tema de tu investigación, y después por qué has elegido Washington para tu estancia. Aunque viendo tu página web se entiende un poco el por qué de esta estancia, que se enmarca en un muy interesante proyecto de investigación en el que llevas un tiempo inmerso.
 
El tema de mi investigación es sobre adaptaciones transnacionales de familias de inmigrantes centroamericanos (específicamente salvadoreños y hondureños) en la región metropolitana de Washington, D.C. que, además del Distrito de Columbia (la capital estadounidense), abarca condados de los estados de Maryland y del norte de Virginia.
La elección de esta universidad se debe a varias razones: primera, porque su departamento de Antropología tiene una trayectoria más que reconocida, tanto dentro como fuera de Estados Unidos; precisamente uno de sus directores, Michael Kenny, es un reconocido antropólogo británico, discípulo de Evans-Pritchard, pionero de las investigaciones etnográficas en España y de exiliados españoles en la diáspora mexicana . Y en segundo lugar, porque una de sus discípulas, Lucy Cohen, lleva realizando trabajo etnográfico con poblaciones latinoamericanas en esta región desde hace más de treinta años; siendo no solo una referencia en la disciplina en el ámbito de los estudios latinos, sino además una gran impulsora. Gracias a su constante apoyo y, sobre todo, motivación llevo realizando investigaciones etnográficas con inmigrantes latinoamericanos en esta región durante más de una década; contando también con el apoyo de los demás profesores del departamento y de la universidad.
 
 
Washington no es tu único trabajo de campo como antropólogo, también has estado en países como El Salvador y Guinea. ¿La investigación actual tiene que ver con aquellas experiencias?
 
En antropología, que como sabrás, es una disciplina eminentemente holista, todas las experiencias sociales y culturales se relacionan; más aún en un mundo poscolonial cada vez más globalizado. Y sobre todo, cuando el interés fundamental es, como en mi caso, la exclusión social más allá de las identidades nacionales. Mi experiencia en Guinea Ecuatorial se remonta fundamentalmente a mi participación en proyectos de cooperación en la región de Akonibe durante la segunda mitad de los ochenta. A partir de esta experiencia entendí la importancia que la formación antropológica tiene para cualquiera que quiera embarcarse en algo tan serio como es la cooperación. De ahí que decidiera realizar mi tesis doctoral en las relaciones dependencia y de exclusión social que supuso el control colonial español para la población ecuatoguineana. Y en ese sentido, tiene relación con mis actuales investigaciones que inicié a finales de la década de 1990 sobre refugiados e inmigrantes centroamericanos en la capital estadounidense; ya que estos desplazamientos masivos de población también se explican como consecuencia de las relaciones de dependencia y control político y económico que Estados Unidos ha ejercido sobre la región centroamericana desde hace más de un siglo. De ahí que cuando inicié mis investigaciones sobre salvadoreños en esta región me viera obligado a realizar también trabajo de campo con familias de inmigrantes en El Salvador para poder comprender lo que estaba observando en Washington.
 

Nos gustaría que nos dieras una descripción rápida de la ciudad…
 
A pesar de la imagen dominante que desde fuera se proyecta de Washington, D.C., como capital de Estados Unidos; más allá del Capitolio, la Casa Blanca y de sus grandes monumentos nacionales, esta ciudad cuenta con una gran diversidad social y cultural; con distintas poblaciones procedentes de otros estados de Estados Unidos y de otros países, sobre todo de Latinoamérica y Asia. Su situación geográfica de frontera entre los estados del sur y del norte, así como su singular estatus político dentro de la Unión, ha propiciado que sea una ciudad receptora de minorías sociales del país; sobre todo de refugiados afroamericanos, mayoría en la ciudad, que se han ido asentando huyendo de la esclavitud durante el siglo XIX o del racismo y la pobreza de los estados del sur durante la primera mitad del siglo XX.
 

Después de la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad comenzaron a llegar, además de diplomáticos, funcionarios y profesionales de otros países, refugiados procedentes del este de Europa, Asia, y, posteriormente, de Oriente Medio o África. Lo que se conoce como la internacionalización de la ciudad propició que a partir de la década de 1960 comenzara a asentarse distintas poblaciones de origen latinoamericano y que la población hispanohablante en su conjunto se incrementara vertiginosamente a partir de la década de 1980; con la llegada masiva de refugiados centroamericanos, en su gran mayoría de El Salvador, que huían de la violencia que se sufría en Centro América. De ahí que en la actualidad, además de que la población salvadoreña constituya la población inmigrante más importante en la región, la comunidad latina en su conjunto sea, después de la población afroamericana, la más representativa de la ciudad. Algo que puede apreciarse con tan solo pasearse por las calles de los barrios de Mount Pleasant, Columbia Heights o Adams Morgan; entre otras áreas de la región metropolitana.
Que nos dieras una pequeña pincelada de la universidad…

 
El área metropolitana de Washington, D.C. es una de las regiones de Estados Unidos con mayor concentración de universidades del país; destacando universidades católicas como las de Georgetown (fundada en 1792) y Catholic University (1887). Esta última se ubica en la región noreste de la ciudad, área que hasta muy recientemente había sido marginal en la ciudad, como también lo había sido anteriormente el barrio de Georgetown. Catholic University cuenta con un amplio campus universitario en los que se combinan edificios que siguen las tendencias arquitectónicas dominantes desde finales del siglo del siglo XIX; cuenta con excelentes instalaciones deportivas y, sobre todo, académicas; con alrededor de cinco bibliotecas ubicadas en el mismo campus. Además de estas bibliotecas, se puede acceder a la mayoría de las bibliotecas de las universidades ubicadas en la región metropolitana; también a través de préstamos interbibliotecarios que cuenta con un sistema informático muy rápido y efectivo. Por otra parte, debo destacar que, tanto los profesores como los alumnos, disponen de horarios muy amplios para acceder a estas bibliotecas; tanto los días de semana como sábados, domingos y festivos.
 

¿Qué tal es el ambiente que te has encontrado? ¿Es muy diferente su sistema de investigación al de España?
 
El ambiente que disfruto en la universidad, y sobre todo en el departamento, es muy bueno; como un profesor más y con el acceso a despachos y demás instalaciones como cualquier otro profesor. En cuanto al sistema, teniendo en cuenta los actuales recursos tecnológicos la manera de investigar de los profesores de aquí no es muy diferente a la de España; eso sí, se dispone de más recursos para la investigación ya que se destinan mayores presupuestos para ella.
 
 
 
¿Has hecho antes otras estancias?
 
Sí, mi vinculación con este departamento comenzó hace ahora diez años, desde que era profesor en la Universidad de Salamanca, y en donde he realizado sucesivas estancias.
 
 
¿Qué te aporta tu estancia en Catholic University como investigador y como persona?
 
En primer lugar, desde el punto de vista académico, ponerme al día en las líneas investigación que se están siguiendo, a investigaciones específicas en mi área y acceder con facilidad a todo tipo de recursos bibliográficos. Y como antropólogo que realiza trabajo de campo, poder mantener mi socialización con los grupos de inmigrantes latinoamericanos con los que llevo trabajando muchos años, al tiempo que iniciar nuevos contactos y relaciones. Por otra parte, conocer y contactar con otros colegas que trabajan temas relacionados con mis investigaciones; ya que la gran actividad académica que se desarrolla en la ciudad me permite asistir a una gran variedad de conferencias, seminarios y demás.
 

¿Has podido moverte y conocer un poco la zona donde estás?
 
Puesto que llevo muchos años haciendo trabajo de campo en la región la conozco bastante bien; sobre todo las colindantes que pertenecen a los estados de Maryland y Virginia.
 
 
¿Qué es lo que destacas o lo que más te ha llamado la atención?
 
La organización, los recursos y la gestión de los recursos.
 
 
Volvamos a la UNED. ¿Nos puedes contar cuántos años llevas, el departamento en el que estás, la docencia que impartes?
 
Mi relación con la UNED se inició en 1992, cuando comencé los cursos de doctorado en el programa “Antropología Social: Desarrollos actuales”. Una vez terminada la tesis doctoral en 1997 que fue dirigida por Paz Moreno Feliu, comencé a trabajar en 1998 en el proyecto “Problemas de confianza/riesgo en puntos de acceso a sistemas expertos” que dirigía Honorio Velasco Maíllo. Y tras trabajar en la Universidad de Salamanca, en el 2004 me incorporé al Departamento de Antropología Social y Cultural donde he estado compartiendo docencia en las asignaturas de la licenciatura “Etnografías y técnicas de investigación antropológica” y “Etnicidad y migraciones”. Y este curso inicio la asignatura del Grado “Ámbitos generales de las aplicaciones de la Antropología”.
 
 
Y ya la última pregunta: la UNED tiene 40 años y todos esperamos que cumpla, como poco, otros 40. ¿Cómo ves el futuro de nuestra universidad?
 
Felicito y me felicito que la UNED haya podido cumplir sus cuarenta años de andadura y que continúe fijando sus expectativas en las poblaciones que mayores dificultades tienen para acceder a una formación universitaria. Por lo tanto, considero que esta dimensión social es de vital importancia, sobre todo, en estos momentos que estamos viviendo en los que las actuales políticas neoliberales no hacen más que cuestionar tantos años de lucha por el derecho de todos a la educación y a la formación universitaria. Así que espero que este principio se siga manteniendo al tiempo que aumentando los recursos para que podamos ofrecer la calidad que los alumnos y alumnas se merecen; calidad que, sin duda alguna, pasa por una mayor inversión en investigación.
Por otra parte, teniendo en cuenta que la formación a distancia se está extendiendo cada vez más, debido al avance de las actuales tecnologías de comunicación, y que incluso las universidades presenciales, como está pasando también en Estados Unidos, están incorporando cada vez más esta modalidad en sus programas, la UNED se encuentre en una posición más que privilegiada, por su trayectoria y experiencia, no solo para continuar y mejorar la formación universitaria de sus alumnos, sino para ampliarla a estudiantes de otros países que no tienen ni las oportunidades, ni los recursos necesarios para acceder a una formación universitaria; esa sería, desde mi punto, la mejor inversión en cooperación internacional que podría hacerse.
 
 

Acerca de M Comunicacion UNED

Departamento de Comunicación y Marketing de la UNED
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